Por Jumilla - Bodega Madrid Romero

¡Buenas buenasas! He pasado el fin de semana de escapada por la Región con mis amigas y estoy molida pero ha sido una experiencia más que necesaria y que personalmente me iba haciendo ya falta después de estar tanto tiempo encerrada sin tener casi capacidad de desplazamiento por las restricciones de Estado de Alarma.

Mis amigas y yo estábamos deseando tener unos días diferentes y salir un poco de la rutina de casa-trabajo/trabajo-casa y nos encontramos con que en Civitatis nos salía una opción para hacer una cata de vinos en Jumilla. Nunca habíamos ido a una, nos pillaba a hora y media en coche, la descripción de la actividad era bastante tentadora (visita guiada por la bodega Madrid Romero, copa de bienvenida, recorrido por los viñedos, degustación de 7 vinos, tapeo...) y el precio más que razonable; así que no nos lo pensamos dos veces y compramos las entradas y nos pusimos manos a la obra, yo gestioné la reserva y la primera atención vía e-mail fue inmejorable de manos de Marina. La visita empezaba prometiendo.

Llegamos a Jumilla y con las indicaciones de Google Maps llegamos sin problemas a la bodega, es un camino un poco estrecho pero está bien asfaltado, muy bien fijada la ubicación en Google Maps y la puerta no te deja dudas ningunas de que has llegado al lugar indicado. Sinceramente me esperaba un "camino de cabras" para poder llegar y nada por el estilo.

Aparcamos en el parking de las instalaciones, hacía un día soleado precioso y divino para la recepción que nos hicieron con el licor dulce de uva al aire libre por parte de Marina, una muchacha más encantadora en persona que por e-mail (y eso que por e-mail ya me había resultado una gran profesional y muy agradable). Y bueno, la copa de bienvenida genial y las vistas preciosas a la Sierra del Carche.

Cuando ya estaba todo el grupo que íbamos a realizar la visita nos presentaron a Rosana, la dueña de la bodega que fue quien nos guio por la visita. Sencillamente un pedazo de mujer de esas hechas y derechas, sabe lo que hace y está al tanto de todo lo que su bodega conlleva, se notó que ama lo que hace y que vive, cuida y mima su proyecto. Una de esas mujeres que sirven de inspiración.

Se marcó un pedazo de visita espectacular, nos explicó muy bien todo el proceso que siguen tanto en el campo como en la bodega. Yo no tenía ni idea previa de como se hacía NADA de eso y lo entendí TODO. 

Pero lo mejor (sin desmerecer a nada de lo anterior) fue la cata de los 7 vinos, en ese momento te das cuenta que todo los cuidados y todos los detalles que han tenido en cuenta desde que la vid está en el campo hasta que se embotella tienen un resultado, y este es espléndido. Los 7 vinos (sin ninguna excepción) eran formidables y el tapeo muy acertado para acompañarlos, nosotras cogimos el "Finca la Solana" y nos quedamos muy contentas con la experiencia. 

¿Repetiría? Por supuesto, ¿y lo recomendaría? Más aún. Merece la pena la escapada. 

Por otro lado decir que tienen la visita muy bien preparada para acabo de manera segura con el tema del COVID. Sentí que si hubiera ido con alguien que fuera especialmente reacio a salir de su "zona segura" por miedo al contagio del COVID aquí se hubiera sentido muy a gusto y a día de hoy eso se agradece muchísimo.

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